miércoles, 19 de diciembre de 2018

Rainer Maria Rilke — Vivo la vida en círculos crecientes (de El Libro de las Horas, 1905)


Vivo mi vida en círculos crecientes,
que encima de las cosas se dibujan.
El último quizá no lo complete,
pero quiero intentarlo.
Giro en torno a Dios, de la torre antiquísima,
durante miles de años voy girando.
Todavía no sé: ¿soy halcón, soy tormenta,
o bien soy un gran cántico? (...)
Al inclinarme también hacia mí mismo me es oscuro mi Dios, tal una urdimbre
de cien raíces que calladas beben.
Solo sé que me elevo desde un calor que es suyo (...)
Si a veces te molesto, Dios cercano,
con duros golpes en la larga noche,
es porque rara vez tu respirar rescucho
y sé que sólo estás en la gran sala (...)
Con voz fuerte <>, en voz baja <>
dijiste; y repetías siempre <>. (...)
Lo que ninguno a querer se atrevió se me hará natural en un día futuro.
Si esto es desmesurado, perdóname, Señor.
Pero yo solamente te quiero transmitir;
como instinto ha de ser mi mejor fuerza,
tan sin ira y sin miedo;
así es como te quieren los chiquillos.
Si eres Tú el soñador, yo soy tu sueño (...).
Soy el silencio que hay entre dos notas (...)
Tú eres el inconsciente oscuro
de eternidad en eternidad (...)
Apágame los ojos, puede verte;
ciérrame los oídes, puedo oírte;
y aun sin pies puedo andar en busca tuya;
sin boca puedo conjurarte.
Ampútame los brazos y te agarro
como con una mano, con el corazón mío.
Detén mi corazón y latirá el cerebro;
y si arrojas el fuego en mi cerebro,
te llevaré sobre mi sangre (...).
Aunque todos se esfuercen por salir de sí mismos
como de la prisión que les odia y encierra,
existe un gran milagro en este mundo;
yo lo siento; se vive toda vida.
¿Quién entonces la vive? ¿Son las cosas
que, como melodía no tocada,
en la tarde se quedan como en arpas? (...)
¿Quién la vive? ¿Tú, Dios, vives la vida?
Te excavo en hondas noches, oh tesoro,
Porque toda abundancia que yo vi
es pobreza y mezquino sucedáneo
para esa tu hermosura, que aún nunca aconteció.
Pero el camino a Ti es terrible, larguísimo,
y, al no usarlo hace mucho tiempo nadie, se borra.
Qué sólo estás. Tú eres la soledad
que se va a lejanos valles.
Y mis manos, que están sangrando
de cavar, las elevo al viento abiertas,
para que como un árbol echen ramas.
Con ellas, yo te absorbo del espacio,
como si allí te hubieras estrellado
con gesto de impaciencia alguna vez,
y ahora cayeras, mundo atomizado,
desde lejanos astros, a la tierra de nuevo,
como lluvia que cae, suave, en primavera.

2 comentarios:

  1. Genial. Igual que tu aprecio por Hermann Hesse, el favorito en mi juventud. Ha sido grato encontrarte, buscando a Rilke porque quería recordar el poema escrito en el pecho de Jimin de BTS en el video de Set Me Free Pt.2. Gracias!

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